La economía estudia lo que la gente hace para vivir. Eso, para mí, más que una definición ha sido un mantra a la hora de ejercer mi profesión. Considerar que todo aquello que concierne a las conductas de las personas tiene que ver con la calidad de vida que buscan o que mantienen. Qué hacer para vivir. Es sencillo decirlo.

Hay quienes en esa realización, en ese qué hacer, tienen menos herramientas que casi todos. Han nacido en realidades con factores tan complejos que terminan con nada y haciendo su día a día en la calle. Despojados de una identidad, de un relato, de lo que para el común de las personas es incuestionable, como por ejemplo, tener lo necesario para lavarse los dientes. O lavarse las manos. O cambiarse de ropa después de bañarse.

Son los invisibles. Los 12 mil y fracción de chilenos que viven en la calle, en situación de calle, los ex mendigos. Ya no son mendigos, porque según estudios del Ministerio de Desarrollo Social, más de 70% de entre ellos trabaja para vivir. Pero claro, cada uno de ellos genera menos de $1.000 para su día a día.

Mi pregunta es, ¿cómo es que la economía, las políticas públicas y el conocimiento pueden hacer para impactar positivamente en esta manera de hacer para vivir? Pues desde mi punto de vista, es con el corazón y con la razón. Con el corazón porque te tiene que doler. Desde la razón, porque necesitas estrategia para llevarlo a cabo. Hay que salir desde la opinión personal para la aplicación de estrategia, de metodología.

Economía circular de las personas

La economía circular como metodología está de moda. Se entiende como circular porque todo debería regresar a sí mismo, como un círculo. Por ejemplo, cualquier producto puede ser visto como la composición de sus partes tecnológicas o materiales más las biológicas. Por lo tanto, cuando dejes de usar un computador podrías ser capaz de separar lo biológico, que va a la tierra para su proceso natural de descomposición, y lo tecnológico debería ser restaurado, reutilizado, rehabilitado o reciclado para dar vida a otros productos. Las partes que no se degradan no estarían amontonándose en algún vertedero ni flotando en el mar.

Es una visión interesante. Pero el corazón de la economía circular, finalmente, es el respeto y la consciencia de que vivimos en un mundo que merece respeto y cuidado porque no existe un plan B, si depredamos la Tierra no podemos reponerla mágicamente.  

Pero todo ello es sobre cosas. Y las personas no lo son y forman parte vital de la economía. ¿Dónde caben las personas en el análisis desde la economía circular? Pues, desde mi punto de vista, como un factor biológico y tecnológico a la vez. Pues, cuando morimos vamos a la tierra o a nuestra descomposición, en general. Pero en vida somos 100% restaurables ya que nuestra cultura, experiencia, habilidades son nuestra tecnología para aportar al modelo. En estricto rigor, tenemos el desafío de considerar a las personas como agentes activos que deben ser rescatados desde el desuso para darles, según sus propios componentes y características, una rehabilitación completa para devolverlos a la economía como personas reparadas y aptas para hacer lo que decidan hacer y consigan así vivir. No sobrevivir.

Entonces, desde la economía circular, debemos entender a éstas 12 mil personas como a quienes debemos restaurar. Ya tenemos un análisis de la razón y claro, del corazón. Porque, ¿quién no puede sentirse movido a la misericordia por una persona que pasa la noche bajo la lluvia, el frío y el desamparo?

La medición del citado ministerio le da rostro y características a quienes viven en la calle: son mayoritariamente hombres (9 de cada 10 aproximadamente) y 6 de cada 10 llegaron a esa condición por problemas familiares. Su gran mayoría. Una fracción menor por consumo problemático de alcohol y drogas, que también, son la acción que se encuentra como respuesta a más problemas familiares. Estas personas trabajan, ya lo dijimos. Pero tienen asociada una realidad brutal: la invisibilización y la deshumanización. Se normaliza que ocupen espacios públicos y que no cuenten con aquello que como especie nos debemos en un mínimo de bienestar: comida, vivienda, salud, familia, redes de apoyo y contención. Pierden habilidades sociales, de expresión, de desarrollo cognitivo. Imaginemos las consecuencias de no tener con quién hablar. De no validar tus propias ideas, metas y opiniones. De no sentirte aceptado, integrado y amado. De no tener logros. Según el connotado investigador y Doctor en Psicología Edward L. Deci, es todo lo que un ser humano necesita para su equilibrio emocional. Ni más ni menos (los invito a revisar la Teoría del Self-Determination).

La recuperación de este factor trabajo demanda un gran desafío, entonces. No es sólo mejorar aptitudes técnicas ni apoyo económico financiero. Demanda una reparación emocional. No es suficiente con campañas que podríamos definir como “turismo de beneficencia” en navidad o invierno. Es algo permanente.

Con el corazón y con la razón

La primera vez que vi a José Vera vino a mi mente esa frase mística de las personas que acostumbran leer libros como la Biblia y asociar muchas de sus experiencias cotidianas a sus relatos metafísicos. Esa frase que asocian a una vida apegada a conductas en paz con la moral cristiana: “recibió el rostro de Cristo”. También pensé en muchos de mis conocidos de hace años cuando irse a vivir un año a India estaba de moda y volvían veganos y practicantes devotos del Yoga y realmente su forma de vivir, de vestir y hablar te hacía ver en ellos a un monje budista. En fin. José Vera es como una especie de Jesús moderno. Quizá si tuviera sobrepeso y calvicie sería un buda moderno. Pero en el caso, de verlo, al conversar es como yo me imaginaría a Jesús si tuviera que hacerlo.

Es un hombre simple, sensible y honesto. Mira a los ojos cuando le hablas, hace bromas y por sobre todo, desde la descripción bíblica del profeta más importante del mundo cristiano, José Vera tiene, además de su familia y amigos en su círculo social más cercano e importante, a los olvidados, a las personas invisibles, a los que nadie atiende. Digámoslo así, Jesús de la Biblia eligió para su staff a los pescadores, no digamos lo más granado de la sociedad contemporánea en que se enmarca su vida. Y andaba entre los que hoy llamaríamos, los menos populares. A los que perdieron todo lo bueno y conservan una historia amarga que los dejó en la calle, viviendo entre basura y sobras, a los que no te das cuenta que están ahí cuando pasas caminando por la calle. Él es fundador del Centro de Rehabilitación y Reinserción Social Fundación Refugio, en la Región de O’Higgins, Chile. Con el corazón. Pero con la razón, porque luego de cursar estudios técnicos superiores de Rehabilitación en Drogas, ha desarrollado con su equipo, cercano a 12 personas que le apoyan en labores diarias de las operaciones, un espacio de casi 5000 m2 en el que de entre 10 personas que residen y pueden estar hasta 12 meses (y un poco más), 7 cumplen el objetivo de rehabilitarse y reinsertarse socialmente. Una tasa del 70% de éxito, muy superior a programas de rehabilitación de gobierno y sólo comparables con intervenciones de hogares privados en que el interno, además de tener la voluntad y redes de apoyo familiar, paga una suma mensual cercana a $1.200.000. En este Centro no se cuenta con nada de ello.

El Centro de Rehabilitación y Reinserción Social Fundación Refugio atiende de manera permanente a casi 100 internos, en su mayoría hombres, quienes tienen entre 18 y 85 años de edad. Además de ello, durante el día, se abre un comedor que ofrece, para unas 100 personas más, un lugar seguro y tranquilo para comer una completa comida a la hora de almuerzo, preparaciones que hacen en colaboración con los propios internos. Muchos de ellos tuvieron experiencia sirviendo o preparando alimentos. Y por experiencia propia, se les nota. Comí con ellos el mejor puré rústico que me han servido, dicho sea de paso.

Hace una semana se inauguró lo que califico como un prototipo de acción en Innovación Social denominado “Refugio Móvil”, que es un comedor puesto en un bus reacondicionado por ellos mismos, el que recorre toda la noche Rancagua para ofrecer comida caliente y un espacio seco y cálido para pasar las noches frías del invierno que aún no comienza, al menos oficialmente.

Con la razón

La exitosa metodología de intervención que tiene por objetivo rehabilitar y devolver la condición humana a las personas en situación de calle, tiene un pilar irrenunciable: la voluntad. Las personas que están deben querer estar ahí para hacer un cambio, para salvarse. Es, según José Vera, su director, el primer paso. Sin voluntad, nada va a cambiar. Luego hay un programa en que se acoge a la persona, se desintoxica, desde lo físico hasta lo social. Se debe apartar del ambiente que agudizó su situación y se contiene. Hoy se ha podido articular una red de apoyo en lo psicopedagógico. Se restablecen sus habilidades y se espera que con la contención humana y técnica la persona, al año, pueda generar su independencia. Pero falta, falta dupla psicosocial, deportiva y física, atención médica, psiquiátrica y psicológica permanente.

Un Ministerio moderno

Sin embargo hay mucho por hacer, sobretodo en una cuestión de recursos. Ya mencionaba que las conductas del director José Vera son muy cristianas. Otra característica de Jesús, según el relato de la Biblia, es que era moderno. O sea, hizo cambios a lo establecido a su época. Pues bien, se repite el caso.

José Vera ejerce además el Ministerio como Pastor de una Iglesia Evangélica. Lo que hemos sabido de algunos de estos ministros religiosos es que no son seculares. Además, su vida dedicada 100% a la obra religiosa incluye a su familia y son sostenidos económicamente por sus fieles y sus ofrendas. Sabemos de algunos sumamente cuestionados. En este caso, el director además de pastor, optó por vivir su fe de una manera moderna, ejerciendo el Ministerio y apoyado por su esposa (todoterreno), con quien tienen sus propias actividades económicas para su sustento y el de su familia. Por ello, parte de sus ganancias más las ofrendas son invertidas en el Centro. Él y su familia viven de lo que pueden producir. El resto es para ayudar a los demás.

En su propio desarrollo metodológico ha probado, en la intervención de más de 2.500 personas en casi 7 años, que los factores ambientales son decisivos. La autovalencia laboral también. Por lo que así como dio inicio al Refugio Móvil, tiene como meta con su equipo, levantar una segunda ala a las residencias de dormitorios compartidos en que haya viviendas individuales: para que la persona sepa lo que es tener su pieza, su baño y la llave. Que por un espacio de tiempo pueda autosustentarse en un entorno que fortalecerá sus capacidades. Su responsabilidad. Donde de verdad podrá dar inicio a una nueva vida. El ejercicio de la espiritualidad y el temor a su Dios es importante pero completamente optativo en este proceso. Si el interno quiere ser parte de la comunidad religiosa bien, sino no.

Hay necesidad de mejorar la infraestructura, por supuesto. Hoy las instalaciones son espacios en comodato de parte de la Municipalidad de Rancagua. Por ejemplo, los baños, los útiles de aseo, el espacio especial para adultos mayores, quienes tienen necesidades especiales. Ellos en su mayoría son personas que sus parientes han abandonado. Algunos han muerto en el Centro y se les ha despedido con todo cariño y dignidad. Necesitan, además de compañía, pasar sus últimos días en paz.

La economía circular de las personas necesita, para existir, no sólo la consciencia de su concepto, como la necesidad de que todos quienes formamos el engranaje de la economía seamos agentes activos cada uno según sus posibilidades, sino que además, necesita personas que se hayan preparado y entiendan que este sistema no se alimenta solo, que el emprendimiento pasa también por lo social y que necesita generar riqueza para no depender, sino para ser independiente para hacer el bien y emparejar la cancha. Que el altruismo no hace mal, sino que ayuda. Si usted no lo quiere hacer por otros, hágalo por usted, está comprobado que hacer actos de altruismo genera bienestar en quien lo ejecuta.

No hay Plan B, tenemos una Tierra y una especie. Arreglemos esto entre nosotros mismos, no queda otra.

El Centro de Rehabilitación y Reinserción Social Fundación Refugio está en plan de crecimiento a través de acciones que puedan vincular a la empresa privada y pública para el beneficio de las personas. Además, puede donar ropa, comida y enseres para su acción. Para hacerlo, contácteles AQUÍ.