Puedo recordar cómo hace un año hice un largo recorrido en micro y metro para llegar a mi primer día en Conchalí, como colaboradora de René de la Vega. Era un día nublado y pese a ser una buena noticia para mis finanzas el poder tener este nuevo cliente, recuerdo todo como un hecho triste, sombrío y lleno de preocupaciones. Me había despedido por primera vez de mi hija en Escuela Militar y ella había emprendido camino sola al colegio. Gracias a la mamá de un compañero, podía estar tranquila, sabiendo que luego de clases tendría un lugar donde irse hasta que yo pudiera pasar por ella. De paso comer, tener abrigo. Hacía tiempo que ambas dependíamos la una de la otra y el sólo pensar en ella caminando por las calles de Santiago me apretaba el estómago. No hay desafío ni interés laboral que pueda mitigar esa preocupación.

Como miles de mujeres salí a trabajar lejos de mi hija, lejos de mi casa y de mi barrio. Era cierto que mis cargos gerenciales me daban la “seguridad” del Artículo 22 o simplemente como consultora externa no tenía horarios en las empresas que he ayudado a crecer. Pero el primer día, que se extendió a primeros días, demandaba estar temprano en la comuna.

El Patrimonio

Las empresas existen para ganar dinero. En el caso de instituciones sin fines de lucro, buscan generar riqueza, aquella que permitiría tener lo suficiente para en algún momento tomar cualquiera de tres decisiones: invertir, endeudarse para crecer o repartir la riqueza entre aquellos que decidieron crearla. Sí, porque quienes crean una empresa deben aportar. Eso que les pertenece y pueden recuperar o mantener en su lista de pertenencias es el patrimonio. Ese patrimonio cambia a través del tiempo. De hecho, los resultados de tu gestión determinan si ese patrimonio, ese valor, eso que tienes aumenta o se destruye. Cuando crece lo suficiente, los dueños pueden retirar de esas ganancias y pagar lo invertido o simplemente darse el gusto de disfrutar del resultado de su esfuerzo. Sí, porque para tener buenos resultados se necesita talento, tiempo y responsabilidad. De una manera sencilla: puedes dejar sobre la mesa de tu cocina dos tazas de harina, una de azúcar, una de leche, dos huevos, vainilla y mantequilla y, aunque pasen 100 años, el queque no se hará solo.

La pregunta, entonces, podría ser: ¿cómo se están preparando los queques en la Municipalidad de Conchalí?

Tu dinero, mi dinero, nuestro dinero

Las municipalidades son la respuesta al espíritu de descentralización del Estado de Chile. Esto es, entregar el poder a las personas, usted, en su casa. La municipalidad es el gobierno local y está dirigida por el alcalde que se elige en votaciones populares cada cuatro años. Según la Subsecretaría de Desarrollo Regional, el alcalde tiene tres funciones: dirigir, administrar y supervigilar el funcionamiento de la municipalidad. Se materializa lo que se enseña en la primera clase de administración en la escuela de negocios: la responsabilidad es indelegable. Todo lo que ocurre es de responsabilidad del líder jerárquico, en este caso el alcalde. Por tanto, malamente podría desentenderse de lo que sucede.

Por otro lado, el dinero que sustenta estas acciones son recursos que la municipalidad administra. El dinero proviene de lo que el Estado le otorga (financiado con nuestros impuestos) y lo que las municipalidades más ricas (en Chile sólo tres, de cerro a mar: Lo Barnechea, Vitacura y Las Condes) generan por sus negocios. Todo ingreso de las municipalidades se junta en algo denominado Fondo Común Municipal que luego se distribuye según las necesidades de sus integrantes. Todo muy mancomunado. Por lo tanto, lo que financia a municipalidades pobres como Conchalí es el esfuerzo de usted y yo, cuando, por ejemplo, compramos un kilo de pan a $1.000 y terminamos mandando $190 al Estado. Y también se financian por lo recaudado por aquellas municipalidades que les va muy bien. Entonces, cuando un alcalde lo hace mal, le está metiendo la mano al bolsillo a usted. Y a las municipalidades ricas, que como buenos ricos están preocupados de generar más riqueza.

A continuación comparto la exposición que René de la Vega ha hecho al Patrimonio de la Municipalidad y cómo sus acciones lo están destruyendo. Luego, cómo ataca de manera sistemática el patrimonio institucional y, por último, cómo esto nos afecta a todos.

El Patrimonio Financiero

Todos quienes hemos sido alumnos de intercambio y estudiantes de postgrados tenemos algo claro: fuera de Chile uno pasa hambre (literal), se vive el shock cultural, es un esfuerzo económico importante y se debe dejar la comodidad del trabajo para volver a ser estudiante y extranjero. Todo a la vez. Por eso se entiende que quienes toman esta opción tienen un verdadero interés, no es fácil, no es gratis. Ni siquiera cuando somos becados, ello tiene mayores exigencias. Uno debe rendir. Si a eso le sumamos amor al servicio público te convierte en una persona especial. Ya lo decía con mi historia sobre los niños campeones de Robótica de Conchalí: si tienes una joya así, en una comuna donde todo indica que tu realidad será otra, tú la cuidas. Para el contexto de una comuna pobre, contar con profesionales de primer nivel es muy escaso, nulo, prácticamente. Sin embargo, René de la Vega ha hecho de la destrucción del dinero ajeno un arte.

La historia del arquitecto Narval Ansaldo

Narval es arquitecto y entre los años 2012 y 2015 dejó el municipio para viajar a Australia, beneficiario de Becas Chile, gracias a lo cual podría post titularse con una Maestría en Diseño Urbano. Dicho proyecto lo obligó no sólo a renunciar a su trabajo y dejar el país, sino que además lo comprometió personalmente a desarrollar conocimiento nuevo enfocado a las carencias y potenciales de Conchalí. Cuando uno hace un postgrado puede “asegurarse” siguiendo temas de investigación que te aseguren un futuro de mediano o largo plazo en el mundo privado que es el que más paga. Es un trampolín para muchos, pero para quienes sienten una vocación por el servicio público no. Y así es como Narval regresó a Chile golpeando nuevamente la puerta del alcalde de esa época, con quién él sentía una afinidad ideológica y personal. A mí me sigue quedando la impresión que Carlos Sottolichio en lugar de ser el monstruo que René de la Vega insiste en describir, era una persona que valora mucho la formación profesional y educación. En el caso de Narval, privilegió su formación académica y lo dejó trabajando en la Secretaría de Planificación a cargo de diseñar y proponer proyectos que salieran a recaudar dinero del llamado “nivel central”, esto es hacer todo para que de los Fondos Nacionales de Desarrollo Regional, en la mayor parte posible, se fueran a Conchalí. Narval, es un experto en acarrear dineros públicos para beneficiar a la comuna.

Según su última liquidación del mes de agosto del 2017, recibió $2.184.570. Esto, para un profesional que, por ejemplo, es capaz de conseguir la aprobación de un proyecto de $1.000 millones, francamente es nada. Lo que le pasa a personas como yo, que amamos el sector público pero además gerenciamos proyectos del sector privado, lo que nos pasa es que nos dan ganas de contratar a Narval y reír de la falta de inteligencia de René de la Vega. Eso sí, Narval en el mundo privado, con su trayectoria y especialidad vale, a lo menos, 5 millones al mes, más bonos por desempeño. Pero René de la Vega no lo sabe, porque finalmente nunca ha trabajado en el mundo real. O como parece ser verdad, no lo quiere creer.

¿Es Conchalí una comuna pobre porque su alcalde lo quiere?

El 11 de agosto del año 2017 e incumpliendo las mínimas normas de la administración pública, Narval Ansaldo fue notificado de su despido, junto a varias personas más. Recuerdo haberlo visto sentado en la alcaldía, cabizbajo, en silencio, esperando que René de la Vega le diera un tiempo para recibirlo. Cuando supe que lo habían echado me conmoví, sin saber el detalle de su historia. Yo nunca hablé con él, sólo sabía que era un hombre casado y padre de familia. Y esa situación afecta a cualquiera. En Chile el trabajo es el centro de nuestro bienestar social, porque nos permite sostenernos. Por eso René de la Vega elige manipular a las personas con ello, con las contrataciones que está mandatado por la comunidad a hacer, en favor de ellos mismos. No para su beneficio personal.

Foto: Wikimedia.

Pero eso, en resumen, es emoción e interpretación mía. Lo que vale es lo que dice la Justicia. O al menos es un factor de análisis. Con fecha 16 de abril de este año, el juez del II Juzgado de Letras de Santiago resolvió a favor de Narval, disponiendo que, la municipalidad debe indemnizar pagándole la suma de $13.107.420 y, además, obligó a René de la Vega a emitir una declaración pública comprometiéndose a respetar los derechos fundamentales de sus trabajadores, esto, en una cartulina de tamaño de una hoja de El Mercurio extendida colocadas en espacios públicos de libre acceso en a lo menos 5 dependencias municipales. Un paralé de la justicia, un reconocimiento a que el abuso existe.

[Revisa acá la causa y sentencia]

Y centrándonos en el tema de la destrucción patrimonial, vemos cómo poco más de 13 millones de pesos de la municipalidad se van innecesariamente.

Rodrigo y Natalia, vecinos de Conchalí.

Otro caso especial es que en la comuna de Conchalí hayan personas profesionales que decidan quedarse a vivir allí. Esto, porque la comuna no ofrece bienestar. Como ya mencioné en mis anteriores relatos, la comuna está en los Top 10 de las peores comunas para vivir en Chile. Ser vecino y profesional es motivo de honra.

Rodrigo Marambio, preparador Físico y Natalia Garay, ingeniero en Recursos Naturales Renovables, ambos vecinos de la comuna de Conchalí, llegaron a la Corte Suprema reclamando despidos discriminatorios en su contra por parte de René de la Vega quien, vulnerando sus garantías de no discriminación en el empleo y ocupación por razones políticas, puso fin a sus contratos.

En Conchalí algo que se había motivado hasta el arribo de René de la Vega era la carrera profesional. Personas de la comuna optaban a empleos de menor rango para posteriormente estudiar y trabajar a la vez, pudiendo crecer personal y profesionalmente. Así es como Rodrigo Marambio sumó 20 años de servicio público profesional, habiendo formado parte, al principio, de la planta profesional auxiliar y luego de su formación, como profesional técnico de contrata. Esto es, una modalidad contractual que se renueva año a año. El año 2015 además fue becado para cursar la carrera de Educación Física, financiada por la Subsecretaría de Desarrollo Regional, lo cual le permitiría mejorar su desempeño como administrador del recinto deportivo municipal. Esto financiando una carrera de casi 5 años. Esta beca le comprometía a seguir desempeñando sus funciones como servidor público en la Municipalidad de Conchalí. Un futuro de progreso, interrumpido nuevamente por René de la Vega, con fecha 6 de abril del 2017.

Natalia Garay tenía una carrera profesional estable en el Gobierno Regional Metropolitano. Cuando llevaba 6 años en su cargo, renunció para comprometerse con la comuna de Conchalí, donde inició su trabajo en el departamento de Aseo y Ornato. Así continuó hasta ser directora de la Secretaría de Planificación. Sin embargo, y como es costumbre en las municipalidades, fue destinada a diversos cargos. Hasta el 6 de abril del 2017, cuando fue notificada de su despido.

En ambos casos llama la atención en sus presentaciones ante la Justicia, donde relatan ambos su cercanía con ideologías políticas, especialmente cercanas al ex alcalde Sottolichio. Pero, en las garantías constitucionales de Chile, las personas somos libres de mantener ideologías políticas como se nos dé en gana. Y si bien, podemos tener cercanías, nadie tiene derecho a reparar en ello. Pero René de la Vega lo hizo. Aún cuando arguyó falta de recursos para financiar estos profesionales, a la vez incorporaba 60 personas a su administración, varias de ellas sin estudios técnicos o profesionales y, además, parientes.

Con fecha 2 de febrero de este año, el Juez del II Juzgado de Letras de Santiago proveyó a favor de ambos, sentenciando a la Municipalidad a pagar $29.625.254 a Rodrigo Marambio por indemnizaciones y $39.492.342 a Natalia.

[Revisa acá la demanda y sentencia para el caso de Rodrigo y Natalia]

Prácticamente $70 millones menos para el patrimonio municipal. Sólo en estos tres casos, más de 80 millones de pesos en incompetencia. Me gustaría dejar la pregunta: si sumamos todas las indemnizaciones que está debiendo pagar, sumado a los sueldos pagados a las personas que han estado menos de un año y por tanto, no han podido cristalizar ningún aporte real a la comuna, ¿a cuánto asciende el daño de René de la Vega al patrimonio de la municipalidad de Conchalí sólo por mala administración en las personas? Sólo por ese concepto. Podríamos hacer una análisis económico financiero detallado de otras partidas, como el dinero que dejó de llegar por la no postulación a fondos nacionales, o por la pérdida de prestigio que ha alejado a redes de contacto importantes para el beneficio de los vecinos.

Patrimonio Social

No está de más visibilizar y cuantificar el llamado Patrimonio Social. Este puede ser definido como la riqueza de las organizaciones. Hasta ahora y siendo sincera, no hay una definición específica o tan clara del Patrimonio Social como el patrimonio financiero. Sin embargo, hay autores que han seguido centrarse a dos bases fundamentales: las estructurales y las culturales.

El Patrimonio Social Estructural son los recursos reales o potenciales que se vinculan con la posesión de una red duradera de relaciones más o menos institucionalizadas de conocimiento y reconocimiento mutuo: acceso a la información, obligaciones que se desprenden de la confianza mutua o aprovechamiento de las normas sociales cooperativas.

El Patrimonio Social Cultural son los valores y actitudes cuyo centro es la confianza generalizada. Los ritos, tradiciones, puntos de vista, la costumbre que se puede observar con naturalidad en toda organización.

Ambas podrían definir lo que en Conchalí se conocía como “la familia municipal”. Familia que se ha visto quebrajada en este poco más de un año de cambio de administración. Si bien he relatado anteriormente hechos despreciables de abuso de poder y estas sentencias judiciales confirman otras, me gustaría hablar de tres historias que muestran el deterioro del patrimonio social dentro de la municipalidad, el cual pasa principalmente por las redes sociales contaminadas sobre las cuales sustenta su gestión René de la Vega. Estas son, la historia de sus dirigentes municipales, el contrato ad honorem de su brazo derecho y finalmente, el desenlace de las denuncias de acoso sexual por parte de su colaborador más cercano.

Valeria Contreras, la prima política del Alcalde

Valeria Contreras es como una bacteria. Es pequeña y busca cómo sobrevivir bajo cualquier condición. También muta. Como cuando las personas no realizan correctamente un tratamiento anti infeccioso y terminan haciendo las bacterias más resistentes, parece que esto no ha sido tratado de manera prolija y radical.

Contrato Valeria Contreras.

Efectivamente ella fue despedida como jefe de comunicaciones de la Municipalidad luego de que se denunciara que era parte de un grupo de parientes cercanos al alcalde. Sin embargo, pasada una semana regresó, según ella misma contó, pagada directamente por el alcalde con un sueldo de $600.000. Valeria tiene licencia de 4° medio rendido. Su falta de preparación es reemplazada con un estilo de liderazgo marcado por la coerción. Valeria además manejaba hasta donde yo vi, todos los temas del alcalde: contratos, dirigía reuniones y, por supuesto, estaba encargada de hacerle saber al alcalde quiénes estaban ideológicamente o no con él. Por ejemplo, fue quien, junto a otro profesional, construyeron el organigrama gracias a la información que yo misma proveí, cuando creía que el alcalde estaba interesado en desarrollar una política de personal. Yo me enteré formalmente de esto al hacer seguimiento a uno de los contratos que se me pidió arreglar, entre otros, con Diario La Cuarta. El ejecutivo del diario me avisó que era Valeria quién lo decidía.

Mail enviado desde La Cuarta.

 

Ante las denuncias y esta evidente irregularidad, el Concejo Municipal pidió explicaciones de su presencia en alcaldía, la cual fue respondida con la petición del alcalde que fuera ella nominada como funcionaria ad honorem. La pregunta entonces es si ella tiene un patrimonio personal o flujos financieros suficientes para cumplir funciones en extenuantes horarios (el alcalde exige 24/7). La verdad es que queda la idea de que René de la Vega y Valeria están haciendo niños a todos.

Un techo para Valeria

Los que vivimos en Santiago sabemos lo dificultoso y discriminador que es arrendar un inmueble. Conseguir una casa demanda documentos equivalentes a solicitar un crédito bancario. Tienes que mostrar tu patrimonio y flujos financieros para que el corredor de propiedades o propietario te arrienden. Liquidaciones de sueldo, registro de antecedentes financieros (DICOM) y documentar, entregando 12 cheques al arrendador, cada uno por el monto mensual de cada arriendo. Por supuesto, sumados dos o tres meses de garantía, arriendo adelantado y en algunos casos, dos cartas de recomendación de arrendatario anterior u otras personas. Un abuso, a ojos de cualquiera. Pero temas sin regular en Chile.

Cuando aún estaba en Conchalí, Valeria comentaba de manera recurrente que buscaba casa en la comuna. Pero dificultada financieramente para concretarlo, precisamente por no tener el patrimonio ni respaldo económico mínimo, hizo uso de todo el peso de sus beneficios y poder otorgado por el alcalde. Finalmente, uno de los afectados por el maltrato laboral instalado en la administración de la Vega debió ser parte de su contrato, como aval. El contrato lo firmó Claudia Miranda, actual jefa de la unidad jurídica de la municipalidad. Cansado de los abusos, quién sirvió de aval, habló personalmente de la situación con el corredor de propiedades, quién hizo entrega de los documentos.

 

Entonces, no tienes respaldo económico para arrendar una casa pero sí para trabajar gratis de lunes a lunes. Algo no cuadra. El abuso instalado y además llevado al extremo de abusar de la confianza fuera del ámbito laboral.

Justicia para los funcionarios

La Asociación de Funcionarios Municipales tiene por objetivo, en general, agrupar a los trabajadores municipales para generar un poder por agrupación tal que pueda equiparar el poder personificado en el Alcalde. Así es como con fecha 17 de enero y 7 de abril del año recién pasado, la Asociación de Funcionarios de Conchalí manifestaba a René de la Vega la preocupación por los masivos despidos injustificados y las persecuciones que los trabajadores estaban sufriendo. Eso era la antesala a lo que hoy vemos con sentencias judiciales a favor de aquellos que fueron removidos de sus puestos de trabajo.

La ética y moral personal

Hace años fui operada de mis dos caderas por una lesión grave. Eso me quitó la capacidad de caminar y desde entonces vivo con dolor y con la imposibilidad de recuperar una vida deportiva activa sin lesionarme y volver a sufrir. En ese tiempo, mientras aprendía a caminar de nuevo, mi única compañía era Wataca, mi gato. Mi hija lo había recogido de la calle y creamos una relación única. Wataca me mordisqueaba, tenía unos colmillos enormes. Él tenía la capacidad de morderme y desgarrarme un dedo. Pero Wataca no lo hacía. Wataca era ético. La ética es el conocimiento del bien y el mal, es universal y no depende de las circunstancias, la cultura ni el contexto. En cambio la moral es relativa. Depende de cómo te criaron, cuál es tu formación, tus creencias, la mística en tu vida es cómo reaccionas.

Entonces, ¿qué sucede cuando hay presiones, miedos, dependencia laboral? ¿Qué decisiones tomas? La corriente te puede llevar. Puedes dejar de ser como Wataca y entregarte a tu moral personal.

 

 

La carta de manifiesto en contra del alcalde hace casi exactamente un año es firmada, entre otras personas, por Claudia Miranda. Hoy directora jurídica y persona cercana al alcalde. Ella es también quien firma el arriendo de la casa para Valeria. Por otro lado firma Valeria Cuevas Forné. Hoy, administradora Municipal de René de la Vega. Segundo cargo de orden jerárquico.

Yo te Creo

Estos días el mundo entero se ha cuadrado en protección y apoyo a las víctimas de abuso sexual. En Chile han denunciado mujeres de la industria de la televisión y todo pareciera indicar que por fin es urgente que entendamos que una denuncia demanda investigación, protección y cuidado. Y una voz firme. Y como era de esperar después de los hechos, René de la Vega va en dirección contraria.

Bárbara Vergara denunció acoso sexual de parte de su jefe Miguel Moraga, ex Administrador Municipal y actual Jefe de Seguridad Ciudadana de la Comuna de Conchalí. Se le pidieron explicaciones al alcalde y se instruyó un sumario. Se evidenció la falta de un protocolo psicosocial para tratar estos casos y, además, René de la Vega optó por tomar dos acciones: proteger por segunda vez al abusador y solicitar su conveniente designación o traslado a otra repartición municipal, como parte de una unidad de cobranzas. Hecho que en su ignorancia no previó, no era posible su ejecución, puesto que Moraga no podía ser degradado en sus funciones y menos manteniendo su sueldo.

Pero la peor situación estaba por venir. En medio de una investigación sumaria, judicial y moral, René de la Vega despidió a Bárbara y de paso a sus dos colegas, quienes son testigos en la causa. Abuso sobre abuso.

 

Antecedentes despido de Bárbara Vergara.

El Concejo Municipal se manifestó en contra de esa acción. Bárbara prefiere no hablar, para llevar adelante el proceso judicial.

Nunca más, Conchalí

Estaba trabajando y sonó el teléfono. Era Pamela Silva. Quería agradecerme que estuviera contando lo que estaba pasando en Conchalí. Me contó que ella estaba en su casa, recién, después de meses, pensando en buscar trabajo. Cuidando a su hijo, un jovencito precioso en plena preadolescencia. Dolida, arrepentida de haber apoyado a René de la Vega en su campaña, de haber entregado su tiempo, intereses personales y lealtad a quién la traicionaría. Pamela había sido la primera Directora de Desarrollo Comunitario de la administración, encantada con el proyecto lejos de la política partidista, decidida a dar todo su profesionalismo a mejorar la calidad de vida de los vecinos. Ella, como Trabajadora Social, sabía que podía hacer mucho. Renunció a su trabajo para irse a Conchalí.

Yo llegué a la municipalidad gracias a Pamela. Cuando llegué a Conchalí, era voluntaria en un almacén que entregaba alimentos a personas necesitadas, junto a mi hija. Sentí que había mucho por hacer y la primera oficina donde fui a presentarme fue a la suya. Me atendió muy amablemente, me enseñó a pedir una audiencia con el alcalde y así empecé. Pero a los meses de mi llegada ella fue despedida.

Concejales se manifiestan en Cuenta Pública de alcalde René de la Vega, abril 2018.

“A mí me gustan las mujeres como tú, que trabajan sin darme problemas. No soporto a las mujeres con problemas con sus hijos”, le había dicho René de la Vega en más de una oportunidad. Y yo le creía. René de la Vega odia a las mujeres que somos madres.

El último llamado

Después que renuncié a trabajar en la municipalidad, René de la Vega me mandó llamar. Estaba sentada frente a él, mientras trataba de culpar a Lily, una profesional impecable, de carrera y de personalidad hermosa. Lily me dio la bienvenida a Conchalí y siempre me gustó el trato amable y cercano que le daba a todo su equipo. Como Jefe del Departamento de Personal, René de la Vega le pedía que a su nombre despidiera a los funcionarios. Ella, con todo tino y respeto, lo hacía. Y cuando yo finalizaba mi servicio como asesora, mandó que ella me lo recordara. Ridículo, puesto que era un contrato a honorarios que se vencía. Entonces, yo aproveché el llamado de Lily para conversar e irme a mi casa a ver a mi hija. Estar con ella y sentirla cerca. Pero René de la Vega quería asegurarse de no quedar mal y por eso me mandó a llamar. Extrañamente estaba Lily ahí. Y claro, apenas entrando intentó culparla a ella, como si mi trabajo no dependiera de él. Yo quería esa reunión para decirle en su cara que no tenía ninguna intención de trabajar con él. Que no estaba dispuesta a seguir soportando su abuso, la obligación de cumplir horarios y tareas que no tenían que ver con mis obligaciones porque él no me pagaba para eso. Y que como sabía muy bien, mantenerme obligada en la Municipalidad todo el día no sólo era abusador sino que me dañaba por mi situación personal que él muy bien conocía. Cuando dije eso, René de la Vega extendió su mano para hacerme callar:

– Me va a perdonar pero no, acá estamos hablando temas profesionales, no personales.

– El que me va a perdonar es usted. Porque tengo vida, le guste a usted o no, y tengo una hija y fue usted el que me trajo para acá diciendome que le importaba el bienestar de sus trabajadores. Pues, fíjese que el bienestar de las personas depende también del bienestar de su familia. Así que gracias, pero usted no tiene ninguna posibilidad de ofrecerme un cargo que a mí me acomode.

Lily seguía ahí, muda. Él se puso de pie, yo también. Me fui. Yo se lo había dicho más de una vez, siendo mujer, teniendo vida, teniendo una hija. Y claro, me sacó con mayor razón de sus estándares. Me castigó haciéndome estar ahí, obligada. Pero no, no seguía más.

Porque para estar con él, tienes que estar contra ti.

Nunca más, Conchalí, nunca más. Nunca más René de la Vega.

 

Revisa acá el primer capítulo de la serie Conchalí y acá el segundo.